Hoy murió Gustavo Cerati y es difícil explicar lo que ha significado para mí. Sin Soda nunca hubiese aprendido a tocar un instrumento, a enamorarme de la música. Marcó mi personalidad de maneras que jamás hubiera pensado. Sin embargo, no fue hasta hoy que me di cuenta por qué me gustó tanto Soda y por qué se metió tanto en mi personalidad.
Mi adolescencia arranca en el año 2000, por lo que Soda ya se había separado y probablemente el disco Bocanada ya se había editado. Soda nunca fue música para músicos, pero cualquiera que algo entiende del tema, puede apreciar la calidad del sonido, la excelencia en las presentaciones en vivo.
Conocí a Soda porque uno de mis mejores amigos, David Mizrahi, me prestó un cassette con los mejores temas de "El último concierto". No pude parar de escucharlo. "Soda Stereo: Buenos Aires, Argentina" decía Gustavo como si tuviese una papa en la boca. Y arrancaba esa versión inmejorable de la ciudad de la furia. Manejo los tiempos de cada frase, cada tocesita que tira Gustavo entre tema y tema, tengo un reflejo absolutamente sincronizado con ese recital por la sencilla razón de que lo escuché por dos años consecutivos sin parar.
Soda ya no era la banda del momento y le pertenecía a una generación o dos anterior a la mía.
En ese contexto, mi preferencia por Soda era rara, poco común entre mis contemporáneos y marcó mi personalidad, que también era rara -o lo sigue siendo-.
La potencia de Soda es que te gusta desde la primera vez que los escuchás. Es agradable al oído. Pero además, cuando más conocés a la banda, más descubrís cosas que no habías escuchado, arreglos, algunos temas que son como una joyita perdida en cada disco (de entrada pienso en Otra Piel, Torre de Marfil, Cactus, Nuestra Fe, Aquí y Ahora, Pasos). Esa agradable primera impresión y las sutilezas posteriores, son efectos muy difíciles de lograr.
Mirando la tele con melancolía, buscando entrevistas, escuché a un periodista decir algo que me voló la cabeza. Dijo algo así: la obsesión de Cerati era hacer música con la mejor calidad posible para que le guste a la mayor cantidad de gente posible. Ahí entendí todo. Creo que eso es precisamente lo que hacía Gustavo, y es lo que hacía que me gustara tanto y jamás lo pude explicar. Eso fue Soda, fue Cerati. Y marcó tanto mi personalidad, al punto de que creo que es lo que trato de hacer en mi vida y en cómo actúo frente a muchas cosas.
Hacer algo que tiene la mejor calidad posible para la mayor cantidad de gente posible es algo extremadamente difícil y, por sobre todo, arriesgado. Cerati siempre estuvo expuesto a la crítica de que era muy suave, o muy comercial. Y si, estar en ésa búsqueda te expone a ése tipo de críticas.
Aplicar esto en otros campos es igual de difícil, pero la exposición a la crítica es mucho menor. La música genera eso. Nadie saldría a decir que Breaking Bad, Los Simuladores, o el Campo de Amapolas es demasiado comercial. Es que la música dura para siempre y cala directamente en la identidad de las personas. Eso lo convierte en un tema muy sensible.
Por suerte, Soda Stereo y Cerati calaron en mi personalidad y agradezco a David -donde quiera que esté- por ese gesto decisivo de pasarme El Último Concierto. Hacer las cosas con la mejor calidad posible, para que le guste a la mayor cantidad de gente posible es, tal vez, el resumen de lo que un emprendedor debe buscar hacer con su proyecto.
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